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Mostrando entradas de julio, 2018

El joven y el sabio

Un joven fue a ver un sabio cierto día y le preguntó: señor, ¿qué debo hacer para convertirme en un sabio? El sabio no contestó. El joven, después de haber repetido su pregunta cierto número de veces con parecido resultado, lo dejó y volvió al siguiente día con la misma demanda. No obtuvo tampoco contestación alguna, y entonces volvió por tercera vez y repitió su pregunta: señor, ¿qué debo hacer para convertirme en un sabio? Finalmente el sabio lo atendió y se dirigió a un río que por allí corría. Entró en el agua llevando al joven de la mano. Cuando alcanzaron cierta profundidad, el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua, a pesar de sus esfuerzos para desasirse de él. Al fin lo dejó salir, y cuando el joven hubo recuperado el aliento, el sabio interrogó: - Hijo mío, cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas? Sin vacilar contestó el joven: aire, quería aire. - ¿No hubieras preferido mejor riquezas, placeres, poder o amor? ¿No pensaste e...

La vi sentada ahí

El bar estaba atestado de gente que no paraba su frenesí. La cerveza se iba consumiendo al igual que el maní cuya cáscara alfombraba el piso entarugado del local de Tres Sargentos. Sobre una punta de la barra más cercana a la calle, tres tipos bien trajeados con pinta de abogados no paraban de brindar y ante cada choque de los chops, el audio de sus voces iba ganando intensidad. El resto de la barra de madera lustrada en tono muy oscuro mezclaba hombres y mujeres que no se daban tregua en sus diálogos. Las mesas, descuidadamente distribuidas a lo largo y ancho del bar tampoco ofrecían lugar como para que los que llegaran pudieran acomodarse. Era un típico viernes para cerrar la semana antes de cenar. De repente y casi sin darme cuenta, la vi en el rincón más alejado de la barra. Estaba radiante con su pelo suelto y los ojos brillantes. Prolijamente sentada en el taburete empujaba su cerveza y miraba con cierta ansiedad al salón y a la puerta de entrada. Hacia un tiempo que no...