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Todo quedó atrás.

Alguna vez existía esa compañía, esas ganas de estar, de compartir, de sostener, de dejarse sostener, dejarse acompañar. Dejarse querer y a la vez querer. Dejarse seducir y seducir. Dar confianza y recibirla. Todo hasta que aparece una ventana abierta y la tentación es enorme. Porque las ventanas suelen generar tentaciones. Una es tirar todo lo bueno por ella. Y a otra, es salir de la vida de alguien por esa misma ventana. Todo quedó atrás Atrás quedaron esas charlas donde todo se entendía porque nada había que ocultar, nada había que esconder. Atrás quedó eso de comprometerse y estar cuando el otro lo necesita para cambiarlo por un “no meterme donde no me llaman”, no sea cosa que la respuesta deje en evidencia los errores o patinadas. Hasta que primero lanzó todo lo bueno por esa ventana y más tarde, dejó que todo se rompiera, que todo se destruyera. Todo quedó atrás ¿Cómo sigue la historia? Bueno, ahí está la clave. Creo que ya es his...
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La luz y la oscuridad

Se va sin irse, como si estuviera en permanente arrepentimiento. Va y viene con esa sensación de no saber exactamente a donde apunta. Quizás es uno quien debe saber dónde pararse y no caer en esa calesita que se parece al perro que quiere morderse la cola. Muchas veces intentar ver en perspectiva ayuda para entender ciertas situaciones. La cuestión es hacerse cargo de lo que sale a la luz, comprenderlo y obrar en consecuencia. Hay ciertas obras teatrales que suelen ser curiosas porque con leer el título uno se imagina el desarrollo. Y cuando se corrió el telón de este teatro, la obra fue casi exactamente como lo imaginaba, casi tal cual como parecía. Quien la escribió negaba que fuera de esta manera, tal como se defienden los autores que escriben cosas obvias, pero como sucede en la vida cotidiana, uno es lo que hace y no lo que dice y la obra reprodujo tal cual lo que el título insinuaba. Vaya uno a saber el porqué de ciertas negativas a lo obvio. Negar la realidad, ...

Catarsis

No digo nada original si asevero que fue un año durísimo para todos o por lo menos, para la gran mayoría. En mi caso particular ha sido muy bravo, complicado y por momentos tormentoso. Pero como también uno puede sacar ciertas conclusiones teniendo en cuenta justamente las cosas sucedidas, puedo separar los tantos. Por una cuestión lógica no daré nombres salvo decir que debo agradecerles a mis hijos que me siguen bancando a pesar de mis errores y falencias. Son lo mejor que tengo y el gran regalo que me hace la vida día a día. En este lapso hubo gente del entorno más cercano (y del no tan cercano) que se ha portado las mil maravillas, que me demostraron que me quieren e hicieron lo que pudieron para veme bien y sostenerme. Y en algunos casos, simplemente escucharme. A ellos gracias, muchas gracias. También hubo gente de mi entorno cercano (y del no tanto) que no me hicieron bien. Es gente que comencé a eliminar de mi vida. También les agradezco porque mostrar la hilacha sirve...

La noche estrellada

La noche estaba tan estrellada como cálida aunque una leve brisa invitaba a la caminata nocturna. El tipo parecía que canturreaba pero sin embargo, repetía casi sin pausas una parte de Neruda: “puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.” La pesadez al caminar, la mirada fija hacia abajo pero sin detenerse en ningún punto fijo, las manos en los bolsillos abriendo y cerrando los puños de manera suave pero sin parar denotaban su estado de ánimo. Algunas perdonas lo cruzaban y lo observaban de soslayo sin entender sus palabras pero comprendiendo que algo no andaba bien. En algún momento de su travesía por las calles porteñas llegó a la esquina que él más le gustaba donde había cierto bar que tenía shows los fines de semana. No le prestó atención a lo que sucedía adentro y miraba sin mirar. Un viejo amigo algo pasado de unas cuantas cervezas le hizo algún comentario como par...

El joven y el sabio

Un joven fue a ver un sabio cierto día y le preguntó: señor, ¿qué debo hacer para convertirme en un sabio? El sabio no contestó. El joven, después de haber repetido su pregunta cierto número de veces con parecido resultado, lo dejó y volvió al siguiente día con la misma demanda. No obtuvo tampoco contestación alguna, y entonces volvió por tercera vez y repitió su pregunta: señor, ¿qué debo hacer para convertirme en un sabio? Finalmente el sabio lo atendió y se dirigió a un río que por allí corría. Entró en el agua llevando al joven de la mano. Cuando alcanzaron cierta profundidad, el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua, a pesar de sus esfuerzos para desasirse de él. Al fin lo dejó salir, y cuando el joven hubo recuperado el aliento, el sabio interrogó: - Hijo mío, cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas? Sin vacilar contestó el joven: aire, quería aire. - ¿No hubieras preferido mejor riquezas, placeres, poder o amor? ¿No pensaste e...

La vi sentada ahí

El bar estaba atestado de gente que no paraba su frenesí. La cerveza se iba consumiendo al igual que el maní cuya cáscara alfombraba el piso entarugado del local de Tres Sargentos. Sobre una punta de la barra más cercana a la calle, tres tipos bien trajeados con pinta de abogados no paraban de brindar y ante cada choque de los chops, el audio de sus voces iba ganando intensidad. El resto de la barra de madera lustrada en tono muy oscuro mezclaba hombres y mujeres que no se daban tregua en sus diálogos. Las mesas, descuidadamente distribuidas a lo largo y ancho del bar tampoco ofrecían lugar como para que los que llegaran pudieran acomodarse. Era un típico viernes para cerrar la semana antes de cenar. De repente y casi sin darme cuenta, la vi en el rincón más alejado de la barra. Estaba radiante con su pelo suelto y los ojos brillantes. Prolijamente sentada en el taburete empujaba su cerveza y miraba con cierta ansiedad al salón y a la puerta de entrada. Hacia un tiempo que no...

El sueño se está cumpliendo

Realmente hacía mucho frío. La   noche era más típica de pleno invierno que del otoño saliente. Sin embargo para los miles que se abarrotaban en ese cruce de Callao y Rivadavia nada era imposible. Llegamos tarde luego de trabajar muy abrigados y convencidos que la temperatura era solo in factor más que nos empujaba al optimismo del resultado buscado. Mitigar el hambre mientras escuchábamos a los disertantes que se mostraban en una pantalla gigante fue la primera premisa y unas empanadas cumplieron ese objetivo. Y mientras nos acomodábamos mis imágenes mentales empezaron a retroceder como quien abre una caja de fotos viejas. En ese mismo lugar casi 35 años después, Raúl Alfonsín, venía a “proponer un sueño”. Y unos días más tarde iniciaba el proceso para enjuiciar a las tres juntas militares que usurparon el poder desde 1976 hasta 1983. Ya no sería todo igual. La memoria también me devuelve las fotos de la recuperación de los Centros de Estudiantes en la UBA, la lucha por ...