Alguna vez existía esa compañía, esas ganas de estar, de compartir, de sostener, de dejarse sostener, dejarse acompañar. Dejarse querer y a la vez querer. Dejarse seducir y seducir. Dar confianza y recibirla. Todo hasta que aparece una ventana abierta y la tentación es enorme. Porque las ventanas suelen generar tentaciones. Una es tirar todo lo bueno por ella. Y a otra, es salir de la vida de alguien por esa misma ventana. Todo quedó atrás Atrás quedaron esas charlas donde todo se entendía porque nada había que ocultar, nada había que esconder. Atrás quedó eso de comprometerse y estar cuando el otro lo necesita para cambiarlo por un “no meterme donde no me llaman”, no sea cosa que la respuesta deje en evidencia los errores o patinadas. Hasta que primero lanzó todo lo bueno por esa ventana y más tarde, dejó que todo se rompiera, que todo se destruyera. Todo quedó atrás ¿Cómo sigue la historia? Bueno, ahí está la clave. Creo que ya es his...
Se va sin irse, como si estuviera en permanente arrepentimiento. Va y viene con esa sensación de no saber exactamente a donde apunta. Quizás es uno quien debe saber dónde pararse y no caer en esa calesita que se parece al perro que quiere morderse la cola. Muchas veces intentar ver en perspectiva ayuda para entender ciertas situaciones. La cuestión es hacerse cargo de lo que sale a la luz, comprenderlo y obrar en consecuencia. Hay ciertas obras teatrales que suelen ser curiosas porque con leer el título uno se imagina el desarrollo. Y cuando se corrió el telón de este teatro, la obra fue casi exactamente como lo imaginaba, casi tal cual como parecía. Quien la escribió negaba que fuera de esta manera, tal como se defienden los autores que escriben cosas obvias, pero como sucede en la vida cotidiana, uno es lo que hace y no lo que dice y la obra reprodujo tal cual lo que el título insinuaba. Vaya uno a saber el porqué de ciertas negativas a lo obvio. Negar la realidad, ...