Ir al contenido principal

La luz y la oscuridad


Se va sin irse, como si estuviera en permanente arrepentimiento.

Va y viene con esa sensación de no saber exactamente a donde apunta.
Quizás es uno quien debe saber dónde pararse y no caer en esa calesita que se parece al perro que quiere morderse la cola.

Muchas veces intentar ver en perspectiva ayuda para entender ciertas situaciones. La cuestión es hacerse cargo de lo que sale a la luz, comprenderlo y obrar en consecuencia.
Hay ciertas obras teatrales que suelen ser curiosas porque con leer el título uno se imagina el desarrollo. Y cuando se corrió el telón de este teatro, la obra fue casi exactamente como lo imaginaba, casi tal cual como parecía.

Quien la escribió negaba que fuera de esta manera, tal como se defienden los autores que escriben cosas obvias, pero como sucede en la vida cotidiana, uno es lo que hace y no lo que dice y la obra reprodujo tal cual lo que el título insinuaba. Vaya uno a saber el porqué de ciertas negativas a lo obvio. Negar la realidad, para muchos, es un buen camino.
Y por qué no, negar hasta lo dicho puede ser un camino que utilizó de manera hasta desopilante.

La cuestión es lo que sucede cuando finaliza la obra, ves que era lo que realmente imaginabas y te quedas pensando en la misma. ¿Que decidir? ¿Cómo actuar? ‘ ¿Cómo seguir?

Cosas que salen a la luz cuando las querían mantener en la oscuridad; vaya uno a saber por qué. ¿Cuál es el sentido? ¿Qué se busca lograr?

Siempre es mejor la luz que la oscuridad. Y efectivamente, como era de esperar, la luz revelo lo que la oscuridad quería ocultar.

Comentarios