Alguna vez
existía esa compañía, esas ganas de estar, de compartir, de sostener, de
dejarse sostener, dejarse acompañar.
Dejarse
querer y a la vez querer.
Dejarse
seducir y seducir.
Dar confianza
y recibirla.
Todo hasta
que aparece una ventana abierta y la tentación es enorme.
Porque las
ventanas suelen generar tentaciones. Una es tirar todo lo bueno por ella. Y a
otra, es salir de la vida de alguien por esa misma ventana.
Todo quedó
atrás
Atrás quedaron
esas charlas donde todo se entendía porque nada había que ocultar, nada había
que esconder.
Atrás quedó
eso de comprometerse y estar cuando el otro lo necesita para cambiarlo por un
“no meterme donde no me llaman”, no sea cosa que la respuesta deje en evidencia
los errores o patinadas.
Hasta que
primero lanzó todo lo bueno por esa ventana y más tarde, dejó que todo se
rompiera, que todo se destruyera.
Todo quedó
atrás
¿Cómo sigue
la historia? Bueno, ahí está la clave.
Creo que ya
es historia.
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