Ir al contenido principal

Todo quedó atrás.


Alguna vez existía esa compañía, esas ganas de estar, de compartir, de sostener, de dejarse sostener, dejarse acompañar.

Dejarse querer y a la vez querer.

Dejarse seducir y seducir.

Dar confianza y recibirla.

Todo hasta que aparece una ventana abierta y la tentación es enorme.

Porque las ventanas suelen generar tentaciones. Una es tirar todo lo bueno por ella. Y a otra, es salir de la vida de alguien por esa misma ventana.

Todo quedó atrás

Atrás quedaron esas charlas donde todo se entendía porque nada había que ocultar, nada había que esconder.

Atrás quedó eso de comprometerse y estar cuando el otro lo necesita para cambiarlo por un “no meterme donde no me llaman”, no sea cosa que la respuesta deje en evidencia los errores o patinadas.

Hasta que primero lanzó todo lo bueno por esa ventana y más tarde, dejó que todo se rompiera, que todo se destruyera.

Todo quedó atrás

¿Cómo sigue la historia? Bueno, ahí está la clave.

Creo que ya es historia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La vi sentada ahí

El bar estaba atestado de gente que no paraba su frenesí. La cerveza se iba consumiendo al igual que el maní cuya cáscara alfombraba el piso entarugado del local de Tres Sargentos. Sobre una punta de la barra más cercana a la calle, tres tipos bien trajeados con pinta de abogados no paraban de brindar y ante cada choque de los chops, el audio de sus voces iba ganando intensidad. El resto de la barra de madera lustrada en tono muy oscuro mezclaba hombres y mujeres que no se daban tregua en sus diálogos. Las mesas, descuidadamente distribuidas a lo largo y ancho del bar tampoco ofrecían lugar como para que los que llegaran pudieran acomodarse. Era un típico viernes para cerrar la semana antes de cenar. De repente y casi sin darme cuenta, la vi en el rincón más alejado de la barra. Estaba radiante con su pelo suelto y los ojos brillantes. Prolijamente sentada en el taburete empujaba su cerveza y miraba con cierta ansiedad al salón y a la puerta de entrada. Hacia un tiempo que no...

El sueño se está cumpliendo

Realmente hacía mucho frío. La   noche era más típica de pleno invierno que del otoño saliente. Sin embargo para los miles que se abarrotaban en ese cruce de Callao y Rivadavia nada era imposible. Llegamos tarde luego de trabajar muy abrigados y convencidos que la temperatura era solo in factor más que nos empujaba al optimismo del resultado buscado. Mitigar el hambre mientras escuchábamos a los disertantes que se mostraban en una pantalla gigante fue la primera premisa y unas empanadas cumplieron ese objetivo. Y mientras nos acomodábamos mis imágenes mentales empezaron a retroceder como quien abre una caja de fotos viejas. En ese mismo lugar casi 35 años después, Raúl Alfonsín, venía a “proponer un sueño”. Y unos días más tarde iniciaba el proceso para enjuiciar a las tres juntas militares que usurparon el poder desde 1976 hasta 1983. Ya no sería todo igual. La memoria también me devuelve las fotos de la recuperación de los Centros de Estudiantes en la UBA, la lucha por ...